Spiga

La culpa siempre es de los más débiles

Este hecho ocurrió ayer y aún sigo cabreado. Vamos por partes. Ayer Mi Santa me dijo que si la podía acercar hasta Tres Cantos. No voy a decir que uno es un caballero, pero mi intención era llevarla y de paso rodar un poco por el parque central de dicha localidad.

A las ocho y cuarto de la mañana estabamos los dos subidos al coche dispuestos a irnos a Tres Cantos. Tomamos la Castellana y sorpresa. Un atasco de mucho cuidado y nosotros en medio. Confíamos en movernos, pero el reloj del coche nos dice que han pasado diez minutos y que no hemos avanzado ni un solo metro. En media hora, habíamos pasado de Colón a Nuevos Ministerios. Y allí, la cosa estaba mucho peor.

Ante tal panorama, Mi Santa decide bajarse y seguir en tren. Yo intenté escapar de aquel infierno pero era imposible. Sigo y a la altura del edificio de BBVA, un agente de movilidad urbana me dice que avance. Algo díficil, teniendo en cuenta que los coches de choque no son de mi gusto. Como no me moví,a el agente se acercó todo chulo a mi coche y empezó a darme voces para que moviera el coche. Uno que no es tonto y no se deja intimidar por tipos que, aunque más quieran, no son policías municipales, le dice que cómo voy a avanzar sin golpear al coche delantero.

El tipo sube su tono y me replica que si necesito para mi la M-30. Le vuelvo a decir que no puedo avanzar y me espeta: "así se forman los atascos, por conductores como usted".

Tiene narices el asunto. O sea que ahora los atascos los formamos los pobres conductores. No tendrá que ver algo la incapacidad de algunas personas para dirigir el tráfico de Madrid o las obras del señor Gallardón. Puede ser.

Al final, me quedé sin rodaje por Tres Cantos. 50 minutos por el Parque de Berlín me hiceron olvidarme de aquel tipo. Menos mal.

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